{"id":588,"date":"2013-09-18T17:57:08","date_gmt":"2013-09-18T15:57:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.camminando.eu\/wordpress\/?p=588"},"modified":"2017-08-21T17:47:07","modified_gmt":"2017-08-21T15:47:07","slug":"rumores-del-camino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.camminando.eu\/wordpress\/?p=588","title":{"rendered":"Rumores del Camino"},"content":{"rendered":"<p>RUMORES DEL CAMINO DE SANTIAGO (versione spagnola, francese, italiana)<\/p>\n<p>He experimentado el silencio nutritivo; el silencio de melod\u00edas tibias; el silencio de las piedras y los \u00e1rboles bombeantes; el silencio \u00e1gape; el silencio cansado, el vivificante; el silencio silencio y no mas; el poblado de hojas venteadas, de troncos combados, de silbidos, de oleaje, de estallido en rocas, de alteo de mariposas, de frescura de agua bailando; el silencio blanco de la niebla y el que se condensa en fina y rica lluvia, el de los cruceiros que elevan siempre la mirada al cielo y suspenden; el silencio rumoroso de los bosques donde las hadas y los gnomos revolotean y corretean; el silencio como sinton\u00eda de la danza recibiendo el sol sobre lomas de pasto; el silencio del aire pegado a la cantarina procesi\u00f3n de peregrinos; el silencio de las ovejas, del perro que las vela, del trigo esperando la hoz, de la nube disolvi\u00e9ndose, de la flor amada por la abeja; el silencio de la paloma justo antes del arrullo; el silencio del mantra emitido por el centro de la tierra, de sus espaldas cargando con grillos y chicharras, el del camino mismo, de esa vereda que mas que vereda es corriente; el silencio entre l\u00ednea y l\u00ednea del pentagrama de una conversaci\u00f3n con compa\u00f1eros peregrinos o el que entre ellos pare una sonrisa y se engarza as\u00ed un misterioso e inevitable cari\u00f1o , como inevitable es el florecer de las yemas cada a\u00f1o; el silencio m\u00edstico de los conventos y los seminarios, de sus claustros abiertos al universo, el silencio suspendido entre laude y laude de las monjas como tel\u00f3n de fondo a la enso\u00f1aci\u00f3n del cuerpo enfebrecido, deshaci\u00e9ndose y recomponi\u00e9ndose con nueva sinfon\u00eda, el silencio de la propia sangre vibrando; el silencio canoro de la fuente abri\u00e9ndose a borbotones, el del roc\u00edo en los pastos y del pasto en el pecho y vientre, el de los lugare\u00f1os esperando la charleta tibia con el peregrino que pasa y bebe de ella cuan fuente de sabidur\u00eda, cuan mismo pan, el silencio entre ronquido y ronquido de peregrino redimiendo tendido su cansancio, que es tambi\u00e9n el tuyo, a tu lado; el silencio del paso de las vacas, del Paso Honroso, de las vidrieras de la catedral de Le\u00f3n de las que sus j\u00f3venes leoneses, en las auroras del domingo, beben para dar mas color a su embriaguez camino a casa con los amigos, antes de hacer la rosca entre las sabanas; el silencio de la superviviente a la ofensiva napole\u00f3nica en la catedral de Burgos, custodiada por el silencio del Cid, el silencio del Cristo de Burgos, de la Virgen del Camino y del Ni\u00f1o, de la Virgen corcovada del Cebreiro y su Ni\u00f1o, el del Cristo naturalizado de Fisterra, el de la salvadora Virgen de la Barca, all\u00e1 a la altura de Mux\u00eda, y hasta el silencio del mismo Santiago, el temperamental hermano de Juan e hijo de Zebedeo; el silencio de los polvorientos y olvidados cuadernos de la escuelita que hoy es suelo y banco para el peregrino; el silencio titilante y fugaz de las estrellas; el silencio m\u00e1gico de un pueblo sin tejados ni alcantarillados, otrora gloria en el camino, regazo de peregrinos; el silencio de su cruceiro en pie como estandarte de eternidad, de permanencia de sus almas habitando las piedras de la \u00fanica calle-camino (Foncebad\u00f2n); el silencio del polvo elevado, el de hombres y mujeres-tierra, el de sus almas llenas a trav\u00e9s de unos ojos-ventana; el silencio de las tumbas del balc\u00f3n de Triacastela, plateadas por la luna, junto a las que el sue\u00f1o del peregrino puede ser tranquilo, pues desmitifican la muerte; el silencio atento de los perros de las gallegas, el silencio de la mano tallando sedosamente el bord\u00f3n y compa\u00f1ero inseparable, el silencio de la frente pegada a el, de las manos fundidas en el; el silencio personal del propio bord\u00f3n; el silencio poblado de un caminar mano a mano con peregrino amigo, aquel en cuerpo de hombre viejo, de valiente hospitalero o de geisha china; el silencio del c\u00e1liz y de la piel de los tambores de Cebreiro, de sus pallozas, el que todo hombre y mujer agradecer\u00eda experimentar en los previos pasos a la llegada al P\u00f3rtico de la Gloria, el del crepitar de los h\u00e1bitos extingui\u00e9ndose en el fuego purificador de las rocas del cabo Fisterra; el silencio digestor de las tremendas palabras de otro y de su llanto gozoso, que es tambi\u00e9n el tuyo, el silencio del sol recost\u00e1ndose y ech\u00e1ndose la sabana del oc\u00e9ano, su silencio tambi\u00e9n al desperezarse entre violetas, azules, rosados, asalmonados..; el de indio apache contemplando el amanecer en Am\u00e9rica, el Nuevo Mundo; el silencio de un halc\u00f3n que elige la misma charca y el mismo momento que tu para ba\u00f1arse, el silencio de un polideportivo vac\u00edo en la ma\u00f1ana, con los gritos de la afici\u00f3n, de los botes de la bola y los resoplidos de los jugadores flotando en el aire; el del gozo de defecar sobre la hierba y abandonar lo propio para que estercole; el silencio al despegarte y no&nbsp; del camino subiendo la elevaci\u00f3n de un autob\u00fas, el silencio gozoso de la puesta del sol de vuelta a casa-familia-amigos (con quienes siempre caminaste tambi\u00e9n en esta vereda), una puesta del sol tan bella como la de Fisterra, hoy.<\/p>\n<p>MURMURES DU CHEMIN DE SAINT JACQUES.<\/p>\n<p>J&#8217;ai exp\u00e9riment\u00e9 le silence nourrissant; le silence des m\u00e9lodies suaves; le silence des pierres et des arbres bomb\u00e9s; le silence fraternel, le silence fatigu\u00e9, celui vivifiant; le silence silence et rien de plus; celui anim\u00e9 des feuilles au vent, des troncs courb\u00e9s, des sifflements, des vagues, d\u2019\u00e9clatement des roches, d\u2019envol\u00e9e de papillons, de la fra\u00eecheur d&#8217;une eau dansante; le silence blanc du brouillard et celui qui se condense en fine et riche pluie; celui des croix qui l\u00e8vent toujours le regard au ciel et qui nous arr\u00eatent; le silence bruyant des bois o\u00f9 les f\u00e9es et les gnomes voltigent et fl\u00e2nent; le silence comme syntonie de la danse qu\u2019on re\u00e7oit au soleil sur les coteaux herbeux; le silence de l\u2019air accroch\u00e9 \u00e0 la procession chantante des p\u00e8lerins; le silence des moutons, du chien qui les garde, du bl\u00e9 qui attend la faux, de la nu\u00e9e qui se dissout, de la fleur aim\u00e9e par l&#8217;abeille; le silence de la palombe juste avant de roucouler, le silence du mantra \u00e9mis par le centre de la terre, de son dos charg\u00e9 de grillons et de cigales, celui du chemin m\u00eame, de ce sentier que plus que sentier est flux; le silence entre les lignes du pentagramme d&#8217;une conversation avec des compagnons p\u00e8lerins ou celui qui entre eux parait un sourire et qui encha\u00eene ainsi une myst\u00e9rieuse et in\u00e9luctable tendresse comme in\u00e9luctable est la floraison des bourgeons chaque ann\u00e9e; le silence mystique des couvents et des s\u00e9minaires, de leurs clo\u00eetres ouverts \u00e0 l&#8217;univers, le silence suspendu entre lauda et lauda des nonnes comme toile de fond \u00e0 la r\u00eaverie du corps fi\u00e9vreux, se d\u00e9faisant et se recomposant en une nouvelle symphonie, le silence de son propre sang qui vibre, le silence sonore de la source qui \u00e9ructe des grosses bulles, celui de la ros\u00e9e dans les pr\u00e9s et de l\u2019herbe dans la poitrine et le ventre, celui des villageois qui attendent d&#8217;\u00e9changer quelques paroles timides avec le p\u00e8lerin qui passe et qui boit celles-ci comme source de sagesse, comme le pain m\u00eame; le silence entre ronflement et ronflement de p\u00e8lerin qui d\u00e9livre tendu sa fatigue, qui est aussi la tienne, de ton cot\u00e9; le silence du passage des vaches, du Pas Honroso, des vitraux de la cath\u00e9drale de L\u00e9on, des verres que les jeunes L\u00e9onais, aux aurores du dimanche, boivent pour donner plus de couleur \u00e0 leur retour enivr\u00e9 \u00e0 la maison avec les amis, avant de s&#8217;enrouler dans les draps; le silence de la survivante \u00e0 l&#8217;offensive napol\u00e9onienne dans la cath\u00e9drale de Burgos, gard\u00e9e par le silence du Cid, le silence du Christ de Burgos, de la Vierge du Chemin et de l&#8217;Enfant, de la Vierge courb\u00e9e de Cebreiro et de son enfant, celui du Christ naturalis\u00e9 de Fisterra, celui de la salvatrice Vierge de la Barca, l\u00e0 \u00e0 la hauteur de Mux\u00eda, et jusqu&#8217;au silence de Saint Jacques m\u00eame, le caract\u00e9riel fr\u00e8re de Jean et fils de Zebed\u00e9e; le silence des poussi\u00e9reux et oubli\u00e9s cahiers de la petite \u00e9cole qui est aujourd&#8217;hui rep\u00e8re et couchage pour le p\u00e8lerin; le silence titillant et fugace des \u00e9toiles; le silence magique d&#8217;un village sans toits ni \u00e9gouts, autrefois gloire sur le chemin, refuge de p\u00e8lerins; le silence de sa croix debout comme un \u00e9tendard d&#8217;\u00e9ternit\u00e9, de la permanence des \u00e2mes qui habitent les pierres de sa rue-chemin (Foncebad\u00f2n); le silence de la poussi\u00e8re soulev\u00e9e, celui des hommes et femmes-terre, celui de ses \u00e2mes pleines \u00e0 travers des quelques yeux-fen\u00eatre; le silence des tombes du balcon de Triacastela, argent\u00e9es par la lune, c&#8217;est l\u00e0 que le sommeil du p\u00e8lerin peut \u00eatre tranquille, car elles d\u00e9mythifient la mort; le silence attentif des chiens des femmes galiciennes; le silence de la main qui entaille soigneusement le bourdon, compagnon ins\u00e9parable, le silence du front coll\u00e9 \u00e0 celui-ci, des mains fondues \u00e0 celui-ci; le silence de son propre bourdon; le silence anim\u00e9 de la marche main dans la main avec un p\u00e8lerin ami, qu&#8217;il soit un vieil homme, un vaillant hospitalier ou une geisha japonaise; le silence du calice et de la peau des tambours du Cebreiro, de ses cabanes anciennes en pierre, celui que toute homme et femme aimerait exp\u00e9rimenter dans ses pas en approchant de l&#8217;arriv\u00e9e au Portique de la Gloire; celui du cr\u00e9pitement des v\u00eatements s\u2019\u00e9teignant dans le feu purificatoire des rochers du Cap Fisterra; le silence qui dig\u00e8re les terribles paroles d&#8217;autrui et ses larmes de joie, qui est aussi le tien, le silence du soleil qui se couche et se couvre avec le drap de l&#8217;oc\u00e9an, son silence aussi s\u2019\u00e9tirant au r\u00e9veil entre violets, azurs, rose et saumon\u00e9s\u2026; celui de l&#8217;indien apache qui contemple l\u2019aube en Am\u00e9rique, le Nouveau Monde; le silence d&#8217;un faucon qui choisit la m\u00eame flaque d&#8217;eau et le m\u00eame moment que toi pour se baigner, le silence d&#8217;une salle de gymnase vide le matin, avec les cris des supporters, les rebonds du ballon et les hal\u00e8tements des joueurs qui flottent dans l&#8217;air; celui de la joie de chier sur l&#8217;herbe et de l&#8217;abandonner pour qu&#8217;elle devienne fiente; le silence de se d\u00e9tacher ou pas du chemin, en montant au deuxi\u00e8me \u00e9tage d&#8217;un autobus, le silence joyeux du coucher du soleil une fois de retour \u00e0 la maison-famille-amis (avec qui tu a toujours march\u00e9 m\u00eame sur ce chemin), un coucher de soleil aussi beau que celui de Fisterra, aujourd&#8217;hui.<\/p>\n<p>MORMORII DEL CAMMINO DI SANTIAGO<\/p>\n<p>Ho sperimentato il silenzio nutritivo; il silenzio di melodie soavi; il silenzio delle pietre e degli alberi ricurvi; il silenzio fraterno, il silenzio stanco, quello vivificante; il silenzio silenzio e nulla pi\u00f9; quello animato delle foglie al vento, dei tronchi che si curvano, dei fischi, delle onde, degli scoppiettii delle rocce, dei voli di farfalle, della frescura di acque danzanti; il silenzio bianco della nebbia e quello che si condensa in fine ed abbondante pioggia, quello delle croci con lo sguardo sempre levato al cielo e che vi stoppano; il silenzio rumoroso dei boschi dove le fate e gli gnomi volteggiano e gironzolano; il silenzio come sintonia della danza ricevuta al sole su colline verdi; il silenzio dell&#8217;aria appiccicato alla processione canterina di pellegrini; il silenzio delle greggi, del cane che le sorveglia, del grano che aspetta la falce, della nuvola che si dissolve, del fiore amato dall&#8217;ape; il silenzio della colomba proprio prima del rucolio; il silenzio del mantra emesso dal centro della terra, delle sue spalle caricandosi di grilli e di cicale, quello del cammino stesso, di questo sentiero che pi\u00f9 che un sentiero \u00e9 un flusso; il silenzio tra le righe del pentagramma di una conversazione con compagni pellegrini o quello che tra loro sembra un sorriso e provoca cosi&#8217; una misteriosa ed inevitabile tenerezza come inevitabile \u00e9 il fiorire ogni anno delle gemme; il silenzio mistico dei conventi e dei&nbsp; seminari, dei chiostri aperti all&#8217;universo, il silenzio sospeso tra laude e laude delle monache come sfondo alla trasognazione del corpo febbrile, disfacendosi e ricomponendosi in una nuova sinfonia, il silenzio del proprio sangue che vibra; il silenzio canoro della sorgente che sgorga borbottando, quello della rugiada nei prati e dell\u2019erba nel petto e nel ventre, quello dei villici aspettando la chiacchierata timida col pellegrino che passa e che beve da questa come da una fonte di saggezza, come lo stesso pane; il silenzio tra russare e russare di pellegrino che riscatta teso la sua fatica, che \u00e9 anche la tua, al tuo fianco; il silenzio del passo delle mucche, del Passo Honroso, delle vetrate della cattedrale di Leon, dei bicchieri che i suoi giovani leonesi, nelle aurore domenicali, bevono per dare pi\u00f9 colore al loro cammino ebbro di ritorno a casa con gli amici, prima di acciambellarsi tra le lenzuola; il silenzio della sopravvissuta all&#8217;offensiva napoleonica nella cattedrale di Burgos, custodita dal silenzio del Cid, il silenzio del Cristo di Burgos, della Vergine del Cammino e del Bambino, della Vergine curva del Cebreiro e del suo bambino, quello del Cristo naturalizzato di Fisterra, quello della salvatrice Vergine da Barca, l\u00e0 sulla collina di Muxia, e fino al silenzio dello stesso Santiago, il sanguigno fratello di Giovanni e figlio di Zebedeo; il silenzio dei polverosi e dimenticati quaderni della piccola scuola che oggi \u00e9 suolo e banco per il pellegrino; il silenzio titillante e fugace delle stelle; il silenzio magico di un villaggio senza tetti e fogne, in altri tempi gloria nel cammino, grembo di pellegrini; il silenzio del suo crocifisso in piedi come stendardo di eternit\u00e0, di permanenza delle sue anime che abitano le pietre della sua unica via-cammino (Foncebadon), il silenzio della polvere sollevata, quella di uomini e donne-terra, quello delle loro anime piene attraverso alcuni occhi-finestre; il silenzio delle tombe del balcone di Triacastela, argentate dalla luna, vicino alle quali il sonno del pellegrino puo&#8217; essere tranquillo, poich\u00e9 smitizzano la morte; il silenzio attento dei cani delle donne galiziane; il silenzio della mano che scolpisce amorevolmente il bordone e compagno inseparabile, il silenzio della fronte appoggiata a questo, delle mani giunte a questo; il silenzio personale proprio del bordone; il silenzio popolato di un camminare mano nella mano con un pellegrino-amico, che sia nel corpo di un uomo anziano, di un valente hospitalero o di una gheisha giapponese; il silenzio del calice e della pelle dei tamburi del Cebreiro, delle sue capanne antiche di pietra, quello che ogni uomo e donna vorrebbe provare nei suoi passi di approccio all&#8217;arrivo al Portico della Gloria; quello del crepitio degli indumenti che si estinguono nel fuoco purificatore nelle rocce del Capo Fisterra; il silenzio digestivo delle altrui parole tremende e del suo pianto di gioia, che \u00e9 anche il tuo, il silenzio del sole che si corica e si copre col lenzuolo dell&#8217;oceano, il suo silenzio anche stiracchiandosi al risveglio tra violetti, azzurri, rosacei e rosati\u2026; quello dell&#8217;indiano apache che contempla l\u2019alba in America, il Nuovo Mondo; il silenzio di un falco che sceglie la medesima pozza d&#8217;acqua e lo stesso tuo momento per bagnarsi, il silenzio di un palazzetto dello sport vuoto al mattino, con le grida dei tifosi, i rimbalzi della palla e l\u2019ansimare dei giocatori che flottano nell&#8217;aria; quello della gioia di defecare sopra l&#8217;erba e di abbandonare il tutto affinch\u00e9 diventi sterco fertilizzante; il silenzio quando tu ti distacchi o no dal cammino salendo al secondo piano di un autobus, il silenzio gioioso del tramonto di ritorno a casa-famiglia-amici (con cui sempre hai camminato anche in questo cammino), un tramonto cosi\u2019 bello come quello di Fisterra, oggi.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; CARMEN &#8220;GUTI&#8221; GUTIERREZ FELIPE&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (traduzione di Flavio Vandoni )<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>RUMORES DEL CAMINO DE SANTIAGO (versione spagnola, francese, italiana) He experimentado el silencio nutritivo; 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